En el 19 de Glasnovic Lane hay una pequeña casita con jardín idéntica a las demás. El seto rectilíneo, un balancín. A las 5 y 5 de la tarde de esta inocua tarde de verano un joven de aspecto formal y paso firme gira sobre sus talones desde la acera embocando el caminito de entrada, esquiva el chorro pulverizado del aspersor y hace sonar el timbre. La puerta se abre automáticamente con un chirrido de descompresión y entra. Es el último en llegar.
El aire del salón está cargado de humo y olores de comida y té y las voces son suaves. El joven ocupa su asiento, saluda a los demás asistentes con un leve gesto de cabeza y remangándose la camisa toma unas caladas de la pipa de agua, relajado, se inyecta 8 miligramos de heroína después. Las charlas se estiran y elevan y mezclan.
Por fin aparece la Doctora. La Doctora lleva un vestido de lino negro y sandalias y el pelo recogido y los ojos delineados y en la mano derecha un pequeño objeto esférico de origen y función poco identificables y que rápidamente induce especulaciones en las mentes y ecos íntimos de la audiencia. La luz de la tarde entra limpia por los ventanales.
-Amigos, vecinos, bienvenidos y gracias por venir. En los próximos minutos voy a ponerles ante fenómenos que, de no ser sus mentes de campo abierto, considerarían magia o un retorcido fraude. Pero no. Es simplemente ciencia. De base cuántica... Todos convendremos que el viaje en el Tiempo no sólo es posible, es real. En la Tierra y sujetos al campo gravitacional que nos aplasta, avanzamos linealmente a razón de un segundo por segundo... De forma innata, todos los seres razonables tienen la sensación de comprender la mecánica del Tiempo y desde luego lo hacen en su forma más práctica: ahora es ahora, ayer fue ayer, mañana es mañana. Sé qué pasó ayer, percibo qué pasa ahora e ignoro qué pasará mañana. Sé dónde colocar cada concepto en relación a mi posición en el Tiempo. El Tiempo es asumido como un elemento dimensional, no espacial, asimilado linealmente... Un reloj no es más que una máquina mecánica que muestra la indicación resultante de una convención común. Hay en todo caso husos horarios a lo largo del planeta, cuyo tiempo se organiza en fases corregidas de 24 horas en relación al período de rotación del planeta sobre su eje. Pero el Tiempo, al igual que la Gravedad, o la Luz, no se explica únicamente por el modo en que nosotros lo percibimos... Estarán ustedes familiarizados con lo que Einstein llamó, tal vez con poca conciencia poética, acción a distancia. La no-localidad cuántica. El fenómeno observable que se manifiesta cuando al someter una partícula a la acción de un interferómetro, otra, alejada a una distancia indiferente, incluso a años luz de distancia, reacciona a la misma interacción en el mismo instante que ésta se practica. Dicho fenómeno, que habitualmente ha hecho a los físicos creer que las partículas estaban unidas de algún modo sistémico, no es más que una de las múltiples certificaciones que la mecánica cuántica insiste en ofrecernos para que sigamos creyendo que el tejido elemental del Universo es una malla en la que Tiempo y Espacio están hilvanados como un único elemento. Los trabajos del profesor Cramer pretendían extender esta propiedad. Se preguntaba si sería posible observar el efecto de no-localidad entre fotones de tiempos distintos. Los fotones, como saben, fluyen en cadena. Al alterar un fotón del presente confiaba en ver el efecto reproduciéndose en otro fotón del pasado. Pasado en términos de fracción de un mili-segundo, se entiende. Provocándola, probaría así la existencia real de la retro-causalidad. Es decir, si su experimento funcionaba observaría la consecuencia antes de haber provocado la causa. Lo que directamente permitiría inferir que la alteración del pasado era posible... Pero no pudo. El Universo, como el propio Cramer suponía, no estaría permitiendo que el pasado fuese modificado. Esa ley sencillamente no está disponible. Pero, ¿significa eso que el viaje en el Tiempo no es accesible? El principio de incertidumbre de Heisenberg, según el cual no es posible determinar dónde se encuentra una partícula sub-atómica y al mismo tiempo conocer su momentum, su ímpetu, siendo por tanto imposible conocer su trayectoria, nos sugería una interesante posibilidad al aplicar esas nociones a la cuestión que nos atañe... ¿Y si, del mismo modo que las partículas cuánticas, que están en todas partes en el mismo momento, el Tiempo no fuese único, sino un infinito esparcimiento de infinitos Tiempos, repartidos y presentes en todo momento en todo lugar? ¿Y si cada Tiempo tuviera el comportamiento de una partícula? Eso explicaría la imposibilidad de viajar atrás en él, inamovible. Seguiría siendo lógico en esa norma, y razonablemente sencillo, viajar a futuro, porque el viaje a futuro no es realmente un viaje temporal stricto senso sino una mera suspensión, de orden más bien mecánico y ordinario en las leyes físicas, de la incidencia corriente del Tiempo sobre el viajero... Pero, ¿y si el Tiempo fuera la variable que encapsula cada Realidad? El viaje en el Tiempo entonces debería dejar de considerarse como un desplazamiento a lo largo de una línea temporal. El viaje en el Tiempo debería contemplarse más bien como un salto... De un sistema de Tiempo a otro. Concisamente, la mecánica cuántica nos estaría mostrando las bases para un flujo entre Tiempos al manifestar el fundamento que sostiene la gran estructura general. ¿Acaso no hemos observado que ciertas partículas, en la esencia misma del nacimiento estelar, encuentran el modo de penetrar a través de una impedancia? Tienen la capacidad de crear túneles a través de las leyes físicas. Entonces, ¿por qué no podemos ser nosotros capaces de atravesar las barreras que nuestro Tiempo ejerce a nuestro entorno y saltar a otro? Les pido, si son tan amables, se acerquen a los ventanales y observen el exterior...
Una mezcla trenzada de anonadamiento, sopor, socarronería y excitación se puso en pie, y siguiendo las instrucciones de la Doctora Linn se repantingó por los sillones de lectura y banquetas corridas bajo los ventanales noroeste. Algunos rostros pegados al cristal. Otros consumiendo nuevamente de bandejas colectivas. La tarde estival permanecía vacía, veían una fracción de Glasnovic Lane, parte de la tapia del jardín contiguo y una buena porción triangular del parterre frontal de la Doctora. El aspersor en marcha.
-Está a punto de suceder. Observen...
Caminando por la fracción de acera apareció de pronto el joven que había llegado en último lugar. Todos se volvieron a buscarlo con la vista, y él se miró a si mismo, sentado en una de las butacas, con un pitillo entre los dedos y miró a los demás. No sé nada de todo esto, masculló, y expulsó el humo por la nariz.
-Pero ¡cómo es posible!
-¡Es su gemelo!
-¡Ha generado usted una holografía!
-No hay trucos, caballeros. Sólo ciencia. Pura ciencia.
-¡Imposible!
-¡Impasible!
-¡Extraordinario!
-¡Extraterrestre!
-Pura ciencia, amigos. Nada más. No se distraigan, les ruego. Ahora viene algo gracioso y altamente estimulante...
Todos se movieron hacia las ventanas de la salita de estar y las del pequeño cuarto sin función, vacío salvo por un taburete y una tuerca, a lado y lado del vestíbulo. Ahora tenían absoluta visión del joven, acercándose al punto en el que el caminito de entrada enlaza con la acera principal. El joven dio un giro repentino sobre sus talones y embocaba el caminito hacia la puerta principal.
-¡Viene hacia aquí!
-¡Cómo es posible este prodigio!
-Va a encontrarse con su yo del pasado... ¡Inaudito!
-¡Huya, señor!
-Siguen pensando ustedes en términos lineales, señores... Disculpe, joven -se dirigió la Doctora Linn hacia el muchacho- ¿Cuando se acercaba antes hacia mi casa ha reparado usted en toda esta expectación que, al parecer, le contemplaba?
-No, señora. En absoluto...
-¿Y cree que semejante circunstancia le habría pasado desapercibida?
El joven miró a su alrededor, el resto de invitados arracimados contra las ventanas, mirándole (unos a él, otros a su él del pasado). El bullicio, los sudores, los aspavientos.
-Difícilmente.
-Así es. En caso de haber observado algo habría sido sólo a mí misma observándolo a usted llegar desde una de las ventanas de la tercera planta, oculta tras la franja abierta de la cortina. Cosa que creo no ha sucedido.
-No. No la he visto.
-Pero entonces ¡su yo del pasado está arriba ahora mismo!
-Sí. Así es.
-¡Inconcebible!
-Y no sólo mi yo, tamb...
¡DIIIING-DOOONG!
Suena el timbre. La puerta se abre con un chirrido mecánico de descompresión. Todos los invitados de agolpan enloquecidos contra los quicios de las dos salas para contemplar el vestíbulo. La Doctora, que se ha hecho a un lado y apoya la espalda contra la pared, sonríe con tranquilidad.
El joven entra, se ajusta el cinturón, re-colocando sus atributos en la maniobra, y cruza el vestíbulo con total suavidad en dirección al salón.
-¡Pero cómo puede ser!
-¡Es un truco, acaso no lo veis!
-¡Shhh! ¡Va a oírnos!
-Silencio, por favor... ¡Silencio!
-No, no se preocupen. Él no tiene ningún modo de percibirnos. Ni todos ustedes, los ustedes del pasado, tampoco...
-¿Cómo dice?
-Vayamos al salón.
Allí están todos, en los sofás. Repartidos. Compartiendo pipas de agua, tomando té, degustando pastelitos, inyectándose opiáceos.
-¡Qué milagro fantasmal es éste!
-Ni es milagro, ni es fantasmal, profesor Kutten. Es simplemente ciencia y probablemente la explicación a esos fenómenos, entre otras cosas.
-Doctora: bravo. Bravo. Me quito el sombrero.
El señor Fork se levanta la gorra blanca de los GATORS de Florida, mostrando su pelo enmarañado, y la sostiene entre las dos manos en señal de respeto.
-Gracias, señor Fork.
-¿Qué está sucediendo, doctora?
-Sí, por favor, explíquenos. ¿Qué estamos viendo?
-Nos encontramos, amigos, ahora mismo contemplando el rendimiento de un Tiempo contiguo al nuestro. Observamos, de facto, un sistema completo de Realidad distinto al nuestro, regido y derivado de su encapsulamiento de Tiempo particular.
-No es, por tanto, el pasado del nuestro.
-Exacto. No es técnicamente el pasado de nuestro Tiempo. Es sencillamente una, si me permiten llamarlo así, una dimensión contigua a la nuestra. Regida por un Tiempo contiguo al nuestro.
-¿Cuántos tiempos pueden definirse, doctora Linn?
-Infinito Tiempos, señor Lotmann.
-Increíble.
-¡Impresionante!
-La cuestión, compañeros...
La profesora Daggermoud, que aún no ha hecho ningún comentario, habla desde las hileras de atrás, su rostro bronceado, el pelo recogido en una coleta.
-...que más debería interesarnos en este instante, a mi modo de ver, oh, me permite, Plakk, gracias –avanzó hacia la zona foro, pocos habían reparado en su vestido de noche aquella tarde de verano- la cuestión, decía, es: ¿alpican las mismas normas a cada Tiempo, doctora Linn? Es decir, en los universos contiguos, las leyes físicas que imperan en el nuestro ¿se repiten? Dicho de otro modo, ¿son nuestras leyes universales, permítanme la palabra, multiversales? Creo que esa es la cuestión esencial ahora.
La cuestión suscita un revuelo de aportaciones cruzadas, impulsando debates, enfocando cada cuestión desde distintas ópticas, enriqueciéndose unos a otros, la doctora Linn respondiendo ante aquello obtenido con la defensa firme de los datos y especulando las regiones del mapa no-conocidas junto con sus compañeros... ¿sugería aquel comportamiento cuántico la inexistencia de la relación entre Tiempo y Espacio? ¿Era la refutación por los hechos al concepto espacio-tiempo de Einstein? Esa estructura del Todo organizada en rieles de Tiempo chocaba frontalmente con la concepción espacial, punto de partida original en la cadena de explicaciones del Todo. Ni durante el transcurso ni una vez acometido el salto de Tiempo, no parecía haber curvado el Espacio. Seguían en el mismo punto del Cosmos.
Finalmente la doctora Linn encuadró la cuestión:
-Caballeros, damas, deberíamos organizar un equipo de investigación en pos del Espacio. Nuestro ejercicio en la Ciencia nos obliga. Valgámonos de este conocimiento inter-temporal para buscar y definir la conducta del Espacio en el Todo. Dado que hemos arañado la corteza al siguiente nivel... Intentemos hacer una brecha y luego rastreémoslo.
Y el acuerdo fue unánime. Investigarían por separado y compartirían datos, cruzarían recursos, conectarían pasarelas de conocimiento en virtud del proyecto, enriqueciéndose individualmente al mismo tiempo.
-Ahora, por favor, les ruego volvamos al frontal de la casa. Salgamos al porche.
Los pilares de las 4 fuerzas fundamentales del Universo se mantenían firmes. Dispuestas a ser invocadas.
© Javier Terrisse.
El aire del salón está cargado de humo y olores de comida y té y las voces son suaves. El joven ocupa su asiento, saluda a los demás asistentes con un leve gesto de cabeza y remangándose la camisa toma unas caladas de la pipa de agua, relajado, se inyecta 8 miligramos de heroína después. Las charlas se estiran y elevan y mezclan.
Por fin aparece la Doctora. La Doctora lleva un vestido de lino negro y sandalias y el pelo recogido y los ojos delineados y en la mano derecha un pequeño objeto esférico de origen y función poco identificables y que rápidamente induce especulaciones en las mentes y ecos íntimos de la audiencia. La luz de la tarde entra limpia por los ventanales.
-Amigos, vecinos, bienvenidos y gracias por venir. En los próximos minutos voy a ponerles ante fenómenos que, de no ser sus mentes de campo abierto, considerarían magia o un retorcido fraude. Pero no. Es simplemente ciencia. De base cuántica... Todos convendremos que el viaje en el Tiempo no sólo es posible, es real. En la Tierra y sujetos al campo gravitacional que nos aplasta, avanzamos linealmente a razón de un segundo por segundo... De forma innata, todos los seres razonables tienen la sensación de comprender la mecánica del Tiempo y desde luego lo hacen en su forma más práctica: ahora es ahora, ayer fue ayer, mañana es mañana. Sé qué pasó ayer, percibo qué pasa ahora e ignoro qué pasará mañana. Sé dónde colocar cada concepto en relación a mi posición en el Tiempo. El Tiempo es asumido como un elemento dimensional, no espacial, asimilado linealmente... Un reloj no es más que una máquina mecánica que muestra la indicación resultante de una convención común. Hay en todo caso husos horarios a lo largo del planeta, cuyo tiempo se organiza en fases corregidas de 24 horas en relación al período de rotación del planeta sobre su eje. Pero el Tiempo, al igual que la Gravedad, o la Luz, no se explica únicamente por el modo en que nosotros lo percibimos... Estarán ustedes familiarizados con lo que Einstein llamó, tal vez con poca conciencia poética, acción a distancia. La no-localidad cuántica. El fenómeno observable que se manifiesta cuando al someter una partícula a la acción de un interferómetro, otra, alejada a una distancia indiferente, incluso a años luz de distancia, reacciona a la misma interacción en el mismo instante que ésta se practica. Dicho fenómeno, que habitualmente ha hecho a los físicos creer que las partículas estaban unidas de algún modo sistémico, no es más que una de las múltiples certificaciones que la mecánica cuántica insiste en ofrecernos para que sigamos creyendo que el tejido elemental del Universo es una malla en la que Tiempo y Espacio están hilvanados como un único elemento. Los trabajos del profesor Cramer pretendían extender esta propiedad. Se preguntaba si sería posible observar el efecto de no-localidad entre fotones de tiempos distintos. Los fotones, como saben, fluyen en cadena. Al alterar un fotón del presente confiaba en ver el efecto reproduciéndose en otro fotón del pasado. Pasado en términos de fracción de un mili-segundo, se entiende. Provocándola, probaría así la existencia real de la retro-causalidad. Es decir, si su experimento funcionaba observaría la consecuencia antes de haber provocado la causa. Lo que directamente permitiría inferir que la alteración del pasado era posible... Pero no pudo. El Universo, como el propio Cramer suponía, no estaría permitiendo que el pasado fuese modificado. Esa ley sencillamente no está disponible. Pero, ¿significa eso que el viaje en el Tiempo no es accesible? El principio de incertidumbre de Heisenberg, según el cual no es posible determinar dónde se encuentra una partícula sub-atómica y al mismo tiempo conocer su momentum, su ímpetu, siendo por tanto imposible conocer su trayectoria, nos sugería una interesante posibilidad al aplicar esas nociones a la cuestión que nos atañe... ¿Y si, del mismo modo que las partículas cuánticas, que están en todas partes en el mismo momento, el Tiempo no fuese único, sino un infinito esparcimiento de infinitos Tiempos, repartidos y presentes en todo momento en todo lugar? ¿Y si cada Tiempo tuviera el comportamiento de una partícula? Eso explicaría la imposibilidad de viajar atrás en él, inamovible. Seguiría siendo lógico en esa norma, y razonablemente sencillo, viajar a futuro, porque el viaje a futuro no es realmente un viaje temporal stricto senso sino una mera suspensión, de orden más bien mecánico y ordinario en las leyes físicas, de la incidencia corriente del Tiempo sobre el viajero... Pero, ¿y si el Tiempo fuera la variable que encapsula cada Realidad? El viaje en el Tiempo entonces debería dejar de considerarse como un desplazamiento a lo largo de una línea temporal. El viaje en el Tiempo debería contemplarse más bien como un salto... De un sistema de Tiempo a otro. Concisamente, la mecánica cuántica nos estaría mostrando las bases para un flujo entre Tiempos al manifestar el fundamento que sostiene la gran estructura general. ¿Acaso no hemos observado que ciertas partículas, en la esencia misma del nacimiento estelar, encuentran el modo de penetrar a través de una impedancia? Tienen la capacidad de crear túneles a través de las leyes físicas. Entonces, ¿por qué no podemos ser nosotros capaces de atravesar las barreras que nuestro Tiempo ejerce a nuestro entorno y saltar a otro? Les pido, si son tan amables, se acerquen a los ventanales y observen el exterior...
Una mezcla trenzada de anonadamiento, sopor, socarronería y excitación se puso en pie, y siguiendo las instrucciones de la Doctora Linn se repantingó por los sillones de lectura y banquetas corridas bajo los ventanales noroeste. Algunos rostros pegados al cristal. Otros consumiendo nuevamente de bandejas colectivas. La tarde estival permanecía vacía, veían una fracción de Glasnovic Lane, parte de la tapia del jardín contiguo y una buena porción triangular del parterre frontal de la Doctora. El aspersor en marcha.
-Está a punto de suceder. Observen...
Caminando por la fracción de acera apareció de pronto el joven que había llegado en último lugar. Todos se volvieron a buscarlo con la vista, y él se miró a si mismo, sentado en una de las butacas, con un pitillo entre los dedos y miró a los demás. No sé nada de todo esto, masculló, y expulsó el humo por la nariz.
-Pero ¡cómo es posible!
-¡Es su gemelo!
-¡Ha generado usted una holografía!
-No hay trucos, caballeros. Sólo ciencia. Pura ciencia.
-¡Imposible!
-¡Impasible!
-¡Extraordinario!
-¡Extraterrestre!
-Pura ciencia, amigos. Nada más. No se distraigan, les ruego. Ahora viene algo gracioso y altamente estimulante...
Todos se movieron hacia las ventanas de la salita de estar y las del pequeño cuarto sin función, vacío salvo por un taburete y una tuerca, a lado y lado del vestíbulo. Ahora tenían absoluta visión del joven, acercándose al punto en el que el caminito de entrada enlaza con la acera principal. El joven dio un giro repentino sobre sus talones y embocaba el caminito hacia la puerta principal.
-¡Viene hacia aquí!
-¡Cómo es posible este prodigio!
-Va a encontrarse con su yo del pasado... ¡Inaudito!
-¡Huya, señor!
-Siguen pensando ustedes en términos lineales, señores... Disculpe, joven -se dirigió la Doctora Linn hacia el muchacho- ¿Cuando se acercaba antes hacia mi casa ha reparado usted en toda esta expectación que, al parecer, le contemplaba?
-No, señora. En absoluto...
-¿Y cree que semejante circunstancia le habría pasado desapercibida?
El joven miró a su alrededor, el resto de invitados arracimados contra las ventanas, mirándole (unos a él, otros a su él del pasado). El bullicio, los sudores, los aspavientos.
-Difícilmente.
-Así es. En caso de haber observado algo habría sido sólo a mí misma observándolo a usted llegar desde una de las ventanas de la tercera planta, oculta tras la franja abierta de la cortina. Cosa que creo no ha sucedido.
-No. No la he visto.
-Pero entonces ¡su yo del pasado está arriba ahora mismo!
-Sí. Así es.
-¡Inconcebible!
-Y no sólo mi yo, tamb...
¡DIIIING-DOOONG!
Suena el timbre. La puerta se abre con un chirrido mecánico de descompresión. Todos los invitados de agolpan enloquecidos contra los quicios de las dos salas para contemplar el vestíbulo. La Doctora, que se ha hecho a un lado y apoya la espalda contra la pared, sonríe con tranquilidad.
El joven entra, se ajusta el cinturón, re-colocando sus atributos en la maniobra, y cruza el vestíbulo con total suavidad en dirección al salón.
-¡Pero cómo puede ser!
-¡Es un truco, acaso no lo veis!
-¡Shhh! ¡Va a oírnos!
-Silencio, por favor... ¡Silencio!
-No, no se preocupen. Él no tiene ningún modo de percibirnos. Ni todos ustedes, los ustedes del pasado, tampoco...
-¿Cómo dice?
-Vayamos al salón.
Allí están todos, en los sofás. Repartidos. Compartiendo pipas de agua, tomando té, degustando pastelitos, inyectándose opiáceos.
-¡Qué milagro fantasmal es éste!
-Ni es milagro, ni es fantasmal, profesor Kutten. Es simplemente ciencia y probablemente la explicación a esos fenómenos, entre otras cosas.
-Doctora: bravo. Bravo. Me quito el sombrero.
El señor Fork se levanta la gorra blanca de los GATORS de Florida, mostrando su pelo enmarañado, y la sostiene entre las dos manos en señal de respeto.
-Gracias, señor Fork.
-¿Qué está sucediendo, doctora?
-Sí, por favor, explíquenos. ¿Qué estamos viendo?
-Nos encontramos, amigos, ahora mismo contemplando el rendimiento de un Tiempo contiguo al nuestro. Observamos, de facto, un sistema completo de Realidad distinto al nuestro, regido y derivado de su encapsulamiento de Tiempo particular.
-No es, por tanto, el pasado del nuestro.
-Exacto. No es técnicamente el pasado de nuestro Tiempo. Es sencillamente una, si me permiten llamarlo así, una dimensión contigua a la nuestra. Regida por un Tiempo contiguo al nuestro.
-¿Cuántos tiempos pueden definirse, doctora Linn?
-Infinito Tiempos, señor Lotmann.
-Increíble.
-¡Impresionante!
-La cuestión, compañeros...
La profesora Daggermoud, que aún no ha hecho ningún comentario, habla desde las hileras de atrás, su rostro bronceado, el pelo recogido en una coleta.
-...que más debería interesarnos en este instante, a mi modo de ver, oh, me permite, Plakk, gracias –avanzó hacia la zona foro, pocos habían reparado en su vestido de noche aquella tarde de verano- la cuestión, decía, es: ¿alpican las mismas normas a cada Tiempo, doctora Linn? Es decir, en los universos contiguos, las leyes físicas que imperan en el nuestro ¿se repiten? Dicho de otro modo, ¿son nuestras leyes universales, permítanme la palabra, multiversales? Creo que esa es la cuestión esencial ahora.
La cuestión suscita un revuelo de aportaciones cruzadas, impulsando debates, enfocando cada cuestión desde distintas ópticas, enriqueciéndose unos a otros, la doctora Linn respondiendo ante aquello obtenido con la defensa firme de los datos y especulando las regiones del mapa no-conocidas junto con sus compañeros... ¿sugería aquel comportamiento cuántico la inexistencia de la relación entre Tiempo y Espacio? ¿Era la refutación por los hechos al concepto espacio-tiempo de Einstein? Esa estructura del Todo organizada en rieles de Tiempo chocaba frontalmente con la concepción espacial, punto de partida original en la cadena de explicaciones del Todo. Ni durante el transcurso ni una vez acometido el salto de Tiempo, no parecía haber curvado el Espacio. Seguían en el mismo punto del Cosmos.
Finalmente la doctora Linn encuadró la cuestión:
-Caballeros, damas, deberíamos organizar un equipo de investigación en pos del Espacio. Nuestro ejercicio en la Ciencia nos obliga. Valgámonos de este conocimiento inter-temporal para buscar y definir la conducta del Espacio en el Todo. Dado que hemos arañado la corteza al siguiente nivel... Intentemos hacer una brecha y luego rastreémoslo.
Y el acuerdo fue unánime. Investigarían por separado y compartirían datos, cruzarían recursos, conectarían pasarelas de conocimiento en virtud del proyecto, enriqueciéndose individualmente al mismo tiempo.
-Ahora, por favor, les ruego volvamos al frontal de la casa. Salgamos al porche.
Los pilares de las 4 fuerzas fundamentales del Universo se mantenían firmes. Dispuestas a ser invocadas.
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| Javier Terrisse |
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